
Imagínate que cada noche, antes de dormir, el cuerpo te susurra: “¿A qué hora vas a caer hoy?”. Esa pregunta, según un gran estudio de Health Data Science publicado en junio de 2025, no es baladí. Nada menos que 88.461 personas del Reino Unido fueron monitorizadas durante casi siete años con dispositivos que registraron con precisión sus patrones de sueño.
No se trató solo de cuántas horas dormían, sino cuándo e incluso lo constante que eran en sus hábitos. El resultado fue sorprendente: descubrieron 172 enfermedades relacionadas con el sueño irregular.
La Irregularidad es mortal
El estudio reveló que quienes se acostaban tras las 00:30 h tenían un riesgo 2,57 veces mayor de sufrir cirrosis hepática, incluso si dormían ocho horas completas como otros
Pero eso no es todo. Los que tenían un ritmo de sueño inestable, es decir, sin horarios regulares, mostraron un riesgo 2,61 veces mayor de gangrena, una señal clara de que la circulación y la salud vascular se resienten. Y hay más: muchas enfermedades digestivas, renales, respiratorias o neurológicas como el Parkinson también guardan relación con esos desequilibrios.
Además, en 92 enfermedades, hasta el 20 % del riesgo puede atribuirse a malos hábitos de sueño, no solo a falta o exceso de horas.
La trampa del “dormir mucho”
¿Por qué se creía que dormir más de 9 horas era malo? Este estudio demuestra que muchos de los que dijeron dormir tanto en realidad lo pasaban en la cama sin dormir bien. De hecho, casi el 22 % de las personas que afirmaban dormir 9 h o más dormían en realidad menos de 6 h, lo que evidencia una confusión entre tiempo en la cama y sueño real.
Por eso los investigadores insisten: no basta con estar muchas horas recostado, hay que dormir realmente bien y de forma constante.
El ritmo interno que marca todo
El cuerpo tiene un reloj biológico interno que sincroniza el descanso con la actividad diaria. Alterar ese reloj con horarios cambiantes afecta sistemas clave: digestivo, inmunológico, vascular, y dispara inflamación y estrés metabólico.
De hecho, otro estudio relacionó la falta de regularidad en el sueño con un 26 % más de riesgo de infarto o ictus, aun durmiendo las horas recomendadas.
La narrativa cambia — de horas a constancia
La historia que emerge no es sobre “dormir más”, sino sobre dormir mejor y con constancia. En lugar de hablar de un mínimo de 8 horas, la verdadera clave está en:
- Acostarse a una hora regular cada noche (la ideal es antes de las 00:30 h).
- Levantarse a una hora similar cada mañana, sin depender solo del fin de semana o los días libres.
- Conseguir sueño continuo y profundo, en lugar de largo pero fragmentado.
- Mantener un entorno de sueño adecuado: fresco, oscuro, silencioso.
- Una cama que permita un descanso eficiente.
Un colchón incómodo o una postura inadecuada no solo hacen que el descanso sea menos placentero; también pueden provocar microdespertares que muchas veces ni siquiera notamos conscientemente. Son esos pequeños sobresaltos, cambios de posición o interrupciones en la respiración que, aunque no nos hagan abrir los ojos del todo, rompen el ciclo natural del sueño. Y lo que parece un detalle sin importancia, en realidad afecta profundamente la calidad del descanso.
Cuando el cuerpo no logra permanecer en la fase de sueño profundo durante periodos continuos, se interrumpe el trabajo de «mantenimiento interno» que ocurre durante la noche. Esta fase es fundamental: es cuando el cerebro elimina desechos tóxicos, se reparan tejidos, se refuerza el sistema inmunológico y se consolidan ciertos recuerdos. Al fragmentarse ese proceso, el cuerpo amanece sin haber completado las tareas esenciales de recuperación, lo que a la larga se traduce en cansancio acumulado, inflamación, dificultad para concentrarse y mayor vulnerabilidad a enfermedades.
En resumen, dormir sobre una superficie inadecuada o mantener una alineación corporal deficiente no solo nos hace dar vueltas en la cama: sabotea el descanso profundo sin que nos demos cuenta, impidiendo que el cuerpo recargue su energía y repare lo que necesita cada noche. Por eso, la calidad del colchón y la ergonomía de la postura no son lujos, sino componentes esenciales para un sueño verdaderamente reparador.

En resumen, cómo dormimos importa más de lo que imaginas
Por lo tanto, podemos establecer que dormir no es solo recostarse. Es respetar un ritmo fisiológico que el cuerpo entiende y necesita. Una rutina estable, un sueño profundo y un entorno adecuado son armas poderosas contra un abanico sorprendentemente amplio de enfermedades.
No se trata de dormir muchas horas, sino de dormir bien, todos los días, siguiendo un patrón que tu cuerpo interior reconoce como saludable.
Después de leer el artículo publicado en «Health Data Science», al que ustedes hacen referencia para convencernos de la vital importancia de dormir sobre un buen colchón, sólo puedo decir que me he quedado acojonado (con perdón, pero no encuentro palabra más precisa).
Resulta que dormir en un colchón de mala calidad puede estar detrás de más de 170 enfermedades. ¡Ahí es nada! Desde cirrosis hepática hasta Parkinson, pasando por problemas digestivos y respiratorios. Vamos, que si no estás durmiendo en una nube viscoelástica de última generación, ya puedes ir pidiendo cita con el médico.
Lamento profundamente el destino de las más de 80.000 personas que participaron en el estudio y, por culpa de un colchón traicionero, acabaron desarrollando alguna dolencia. Uno pensaba que bastaba con comer bien, hacer ejercicio, no tomar cafeína y no fumar, pero no: el colchón era el verdadero villano en la sombra.
Las cinco recomendaciones que nos dan para dormir mejor se resumen, básicamente, en no tener problemas en la vida y llegar cansado a la cama.
Y, en fin, para terminar, diré que la importancia del colchón es, sin duda, clave… sobre todo en los anuncios. Dormir bien es importante, sí, pero quizás no hace falta montar un thriller médico alrededor de la cama.
Decírselo al Talento a ver que opina de eso